mar 28 2014

Foto gigapixel del cuadro “La multiplicación de los panes y los peces” de Pedro Orrente

En este blog hablo mucho de la fotografía gigapixel que me gusta de vez en cuando practicar aprovechando el extraordinario zoom de mi cámara Canon SX 50 HS. Incluso he llegado a hacer un artículo sobre la fotografía gigapixel en el arte. Hace poco recibí el encargo del cura-párroco de mi pueblo, La Guardia en la provincia de Toledo, de hacer una foto en alta resolución del cuadro de Pedro Orrente “La multiplicación de los panes y los peces que está en la Iglesia de mi pueblo, porque iba a ser este año la imágen corporativa del Arzobispado de Toledo. Pues dicho y hecho. Con mucha paciencia y con ayuda del trípode fotografié dicho cuadro, haciendo unas 80 tomas parciales y luego juntándolas para formar una foto de 360 Mpx (0,36 Gpx). Por cierto, como me ha gustado la experiencia a ver si la vuelvo a repetir con el otro cuadro que hay de Pedro Orrente en la Iglesia de mi pueblo, Las bodas de Caná

Esta es la foto total del cuadro en donde pinchando en los snapshots inferiores podéis ver detalles del mismo e incluso verlo en pantalla completa con el icono que tenéis en la izquierda de reproducción


Y ésta es una escena del cuadro que es la que va a ser la imágen corporativa del Arzobispado, y que ocupa 110 Mpx (0,11 Gpx)
Según la WikipediaPedro de Orrente (1580-1645), fue un pintor barroco español, natural de Murcia pero formado en Toledo. Por Jusepe Martínez, quien seguramente llegó a conocerlo, consta que completó su formación en Italia con Leandro Bassano, cuya influencia se advierte inequívocamente en su obra junto con la de otros maestros italianos, lo que unido a sus constantes desplazamientos dentro de la península hace de Orrente un artista clave en la formación y difusión del naturalismo tanto en Castilla como en Valencia.

Las obras de Orrente de atribución segura, firmadas en muchos casos, junto con las de su taller o escuela, son muy abundantes, pero al estar raramente fechadas resulta difícil hablar de evolución dentro de un estilo que, por lo demás, aparece en lo fundamental uniforme. En el conjunto de su numerosa producción destacan los lienzos de temas bíblicos con amplios paisajes tratados como escenas de género de carácter pastoril, con un detenido estudio de los muchos animales y accesorios presentes, lienzos sobre los que asentó su prestigio como el «Bassano español». Pero Orrente fue autor también de grandes cuadros de altar, de composición compleja y con grandes figuras llenando el espacio, como ya observó Jusepe Martínez al apuntar, que «aunque el Bassan se ejercitó más en hacer figuras medianas, nuestro Orrente tomó la manera mayor, en que dio a conocer su grande espíritu».3 Fue autor, además, de algunas series de fábulas mitológicas extraídas de lasMetamorfosis de Ovidio, dos de las cuales estaban en poder del marqués de Leganés y otra es citada por Antonio Palomino en Madrid, en poder de un partícular, diciendo de ella que es «cosa excelente». De este aspecto peor conocido de su producción únicamente han susbsitido dos cuadros: Céfalo y Procris, en colección particular valenciana, y Cadmo llega al lugar designado por el oráculo, en colección particular madrileña, en los que muestra unos tipos cotidianos cercanos a los de sus temas bíblicos y alejados de cualquier aspecto heroico.16

Pedro_orrente-autorretrato

La primera obra de datación segura de entre las conservadas, como se ha indicado, la Bendición de Jacob de la colección Contini, fechada en 1612, es ya obra próxima a los Bassano y es esa la influencia más perdurable en su obra, igualmente perceptible, como ya señalara Palomino, en el conmovedor Martirio de Santiago el Menor, del Museo de Bellas Artes de Valencia, con sólo cinco figuras grandes ocupando todo el espacio, pero con un tratamiento de la materia de calidades aterciopeladas y colores densos plenamente venecianos. Pero es en sus series bíblicas, con ciclos dedicados a Jacob, Abraham y Noé, entre los motivos tomados del Antiguo Testamento, y los milagros de Cristo extraídos del Nuevo, donde la huella de lo bassanesco es más profunda y, también, su personal y rica inventiva, apegada a lo cotidiano a fin de hacer verosimil el hecho narrado. En esas composiciones de gabinete de tamaño mediano, situadas en variados escenarios, muy aptas según Palomino para los «estrados» y salas de casas particulares, pobladas por numerosas y vivaces figuras de pequeño tamaño, con su acompañamiento de animales domésticos y objetos de naturaleza muerta tratados con minucia detallística a veces un tanto seca, pero con toques sueltos de luz en las lanas de las ovejas, se pone de manifiesto su habilidad narrativa y es en ellas en las que se asentó su fama, siendo muchos, como decía Pacheco, los pintores mediocres que «se sustentan con sus copias», algunos como Mateo Orozco conocidos por sus nombres.17

De entre las piezas que formaron parte de estos ciclos conservados más o menos completos en diversos lugares y algunas conocidas por varios ejemplares, cabría destacar el Labán dando alcance a Jacob del Museo del Prado, por el amplio desarrollo de su paisaje sabiamente iluminado, o la Multiplicación de los panes y los peces del Hermitage de San Petersburgo, que con La entrada en Jerusalén del mismo museo o las Bodas de Canaa de la parroquial de La Guardia, muestran unos colores claros y un gusto por la precisión en el dibujo del desnudo que podrían recordar a Maino, influencia evidente también en los mendigos en reposo de La curación del paralítico de Orihuela.18

Un problema particular relacionado con la ausencia de dataciones seguras lo plantean algunas obras en las que se han advertido influencias del Greco. Pertenecen a este grupo un conjunto de pinturas localizadas en Toledo, tales como el Bautismo de Cristo, del retablo de los Carmelitas, con unas proporciones en las figuras inusualmente largas, el San Juan Bautista en pie de la catedral y el San Juan Bautista junto a una fuente del Museo de Santa Cruz, o la Asunción de la Virgen del marqués de Auñón que, descartado un aprendizaje junto al cretense, podrían llevarse a la década de 1620, cuando también en la obra de Tristán se advierte un retorno a modelos del Greco, y ponerse en relación con la documentada amistad con Jorge Manuel. En obras más tardías, como la Adoración de los pastores y la Epifanía del retablo de Yeste, fechado en 1629, el ticianesco Martirio de San Lorenzo de la iglesia de San Esteban deValencia, inspirado en el lienzo de El Escorial, o La curación del paralítico del Museo de Arte Sacro de Orihuela y Colegio del Patriarca, obras que pudo realizar en la posterior etapa valenciana, nada queda ya de los tipos humanos del Greco y la amplitud espacial se puede explicar mejor por el conocimiento de los grandes maestros venecianos.19

En otros lienzos de grandes dimensiones y destinados a la devoción, como los citados Martirio de San Sebastián de la catedral de Valencia y Milagro de Santa Leocadia de la catedral toledana, la luz dirigida es francamente tenebrista, con ecos de las obras de Carlo Saraceni pintadas para la misma catedral de Toledo, sin apartarse, al mismo tiempo, de la iluminación veneciana en algún contraluz o en la sugestión del paisaje disipando las sombras del fondo en el San Sebastián. De una fecha próxima a este último ha de ser el Sacrifio de Isaac del Museo de Bellas Artes de Bilbao, probablemente pintado en Valencia donde se conocen algunas copias, en el que del mismo modo se funde lo bassanesco y veneciano con el tenebrismo más avanzado, con amplias repercusiones en la obra de los pintoresribaltescos y en especial sobre el más joven de ellos, Juan Ribalta.

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